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¿Se puede tener todo en una sola persona?

Serie: ¿Cómo amar bien?
24 de marzo de 2026 por
¿Se puede tener todo en una sola persona?
ALEXANDRA BOBOC
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Hay una idea que se me ha quedado rondando por la mente estos días, como cuando algo no termina de encajar del todo y, sin embargo, tampoco desaparece.

 

Tiene que ver con las relaciones de pareja, pero no exactamente con las relaciones de pareja. Tiene que ver con esa sensación de estar con alguien que tiene mucho de lo que valoras y aun así, notar que hay algo que le falta.

 

No es que la relación vaya mal y tampoco que haya un problema claro. Es más bien eso que aparece cuando todo “está bien" pero tú no estás del todo en paz. No es algo evidente y tampoco es algo que puedas señalar con el dedo y decir: “es esto”.

 

Es algo mucho más sutil que hace falta mirarlo y analizarlo desde la consciencia. Es mirar a esa persona que tienes delante y pensar, casi sin querer: esto está bien, pero no es todo lo que quiero de una pareja. Es estar con alguien que te cuida, que está, que suma y aun así echar en falta algo que ni siquiera sabes explicar bien que es.

 

Y ahí es donde empieza la verdadera incomodidad, porque, en cuanto aparece ese pensamiento, viene otro detrás.

 

¿Se puede tener todo en una sola persona?

 

La pregunta tiene peso, porque, en cuanto la formulas te coloca en un lugar incómodo del que no es fácil salir. Ya que si la respuesta es SÍ, entonces lo que estás viviendo se queda corto y obviamente si la respuesta es NO, entonces tienes que aceptar que siempre habrá algo que le falte.

 

Y, si soy sincera, ninguna de las dos opciones resulta especialmente tranquilizadora. Quizás por eso tendemos a movernos hacia lo práctico. A decirnos a nosotras mismas que nadie es perfecto, que lo importante es lo que existe entre nosotros y que en una relación siempre hay cosas que funcionan mejor que otras.

 

Y todo eso tiene sentido, pero, a veces, hay algo en esa forma de pensar que no termina de sentirse real. Como cuando te repites: “estoy bien, no necesito más", pero en el fondo sabes que no es del todo verdad. Como si en lugar de estar convencida de ello te lo estuvieras repitiendo para quedarte tranquila. Como si una parte de ti te dijera “esto es suficiente”, pero otra, como en segundo plano, siguiera sintiendo que no es suficiente.

 

Y entonces vuelves al principio. A esa sensación difícil de explicar. A ese “hay algo que no está”. Y no necesariamente porque la otra persona no lo tenga, sino porque tú lo percibes como que no lo tiene. Y eso abre otra línea de pensamiento que ya no es tan cómoda. Porque deja de centrarse en lo que el otro es y empieza, casi sin darte cuenta, a tocar lo que tú estás buscando.

 

¿Qué significa exactamente “tenerlo todo”?

 

¿Es una suma de cualidades? ¿Es una sensación? ¿Es una expectativa que cambia con el tiempo? ¿Qué es exactamente?

 

Porque, si lo piensas bien, lo que para una versión de ti es suficiente, para otra versión de ti puede no serlo. Y lo que hace unos años te hacía sentir segura quizás hoy se te queda pequeño. Y lo que antes ni siquiera valorabas ahora lo necesitas. Y ahí es donde la cosa se complica un poco, porque no siempre queremos lo mismo.


A veces creemos que sí, porque repetimos una idea que suena lógica, que encaja, que parece razonable. Pero cuando la llevas a la vida real, a lo que sientes en el día a día ya no es tan claro, porque hay partes de nosotras que valoran la estabilidad, otras que necesitan expansión, algunas que buscan calma y otras que, en cambio, necesitan sentir intensidad. Y no siempre estas partes de nosotras están de acuerdo. Por eso puedes estar con alguien estable y sentir que te falta chispa o con alguien intenso y sentir que te falta paz.

 

Entonces, cuando miras a una persona y piensas que “le falta algo”, quizás no estás viendo una carencia objetiva. O, al menos, no solo eso. Quizás estás viendo un desajuste interno, entre lo que eres y lo que en ese momento necesitas. Y eso cambia bastante la pregunta. Porque ya no es solo si la otra persona puede o no puede darte todo. Es si eso que llamas “todo” es algo fijo o algo que cambia contigo mientras tú avanzas en la vida. Algo que cambia a medida que cambias tú y entonces la idea de “tenerlo todo en una sola persona” deja de ser tan simple.

 

Deja de ser una cuestión de encontrar a alguien que encaje en una lista completa y se vuelve algo más variable. Porque implica reconocer que lo que estás buscando no siempre es lo mismo y que, a veces, ni siquiera está del todo definido. Y ahí es donde la pregunta se queda abierta y no porque no tenga respuesta, sino porque, cada vez que crees tenerla, cambia. 


Y quizá ahí es donde empieza otra incomodidad distinta. Porque, si lo que buscas cambia entonces no estás eligiendo desde un lugar tan fijo como pensabas. Estás eligiendo desde una versión de ti que también es variable. Y eso simplemente significa que lo que hoy encaja contigo y con tu manera de ser, mañana puede dejar de hacerlo. 


No porque esté mal, sino porque tú ya no te encuentras en el mismo punto de partida. Y eso, curiosamente, casi nunca lo tenemos en cuenta a la hora de escoger a nuestra pareja. Hablamos de lo que queremos como si fuera algo claro, estable y definitivo, pero no siempre lo es. Porque tú no eres la misma en todos los momentos de tu vida. 


No piensas igual, no sientes igual, no necesitas lo mismo. Y, aun así, de alguna manera, esperas que la pareja que eliges sí lo sea. Que encaje siempre en tu vida, que responda siempre a tus necesidades y que sea suficiente en todas tus versiones. 


Y eso es imposible querida, porque es ahí donde las relaciones no se sostienen en el tiempo. 


Porque quizás no es que estés pidiendo demasiado, pero puede que estés pidiendo desde un lugar que aún no es estable, desde una identidad que sigue cambiando. Y entonces, claro que aparece ese “pero”, ese “le falta algo”, ese “no lo tiene todo”.

 

Pero ¿y si ese “todo” no es algo fijo sino una mezcla de todo lo que distintas partes de ti están buscando al mismo tiempo? La parte que quiere calma, la que quiere intensidad, la que quiere seguridad, la que quiere expansión, aventura, etc. Todas a la vez y ninguna dispuesta a quedarse fuera. 


Entonces la pregunta deja de ser solo si una persona puede darte todo y empieza a girar, casi sin que te des cuenta, hacia otro lugar.

 

¿Quién soy yo cuando siento que le falta algo? ¿Desde qué versión de mí lo estoy mirando?


Porque dependiendo de qué identidad esté al mando, lo que ves cambia, lo que valoras cambia y lo que necesitas cambia. Y por eso una misma persona puede parecerte suficiente en un momento de tu vida y al cabo de un tiempo, ya no lo es. 


Y entonces, quizá, esa sensación de que “no lo tiene todo” no habla solo de la otra persona. Habla también de ti y del lugar interno desde el que estás viviendo esa relación, de la versión de ti que está eligiendo y ese lugar no siempre es el mismo. Y cuando eso no está claro todo lo de fuera empieza a sentirse, de alguna manera, incompleto como si siempre faltara algo aunque no sepas exactamente qué y quizá por eso la pregunta sigue ahí. No porque no tengas la respuesta sino porque, en el fondo, todavía estás descubriendo desde qué versión de ti la estás haciendo.

 

Y quizá ahí es donde, al menos para mí, empieza a revelarse la verdad. 


Porque quizás nunca se trató de encontrar a alguien que lo tenga todo o que sea perfecto, ni de conformarte con menos de lo que mereces y tampoco de seguir buscando sin parar un ideal absurdo. Y quizás en verdad se trata de algo mucho más sencillo y, a la vez, más exigente con una misma. De dejar de mirar solo lo que hay hoy y empezar a mirar hacia dónde te estás construyendo. Porque no se trata solo de quién eres ahora. Se trata de quién estás decidiendo ser.  


Y eso cambia muchísimo las cosas.

 

Porque entonces ya no eliges desde lo que te encaja en este momento sino que empiezas a elegir desde lo que es coherente con la vida que quieres construir, como quieres vivir y lo que quieres sentir al lado de esta persona. Coherente con la identidad que estás formando y con la mujer en la que te estás convirtiendo. Y ahí ya no todo te vale, aunque antes sí te valiera. 


Y desde ahí, la pregunta deja de ser si esa persona lo tiene todo y se vuelve una pregunta más introspectiva.

 

¿La pareja que estoy eligiendo es coherente con quien yo decido ser?


Porque quizás no necesitas que alguien lo tenga todo, pero sí necesitas que lo que tiene esa persona no contradiga hacia dónde tu vas en la vida. Y eso no siempre es cómodo de mirar, porque implica dejar de justificarte y empezar a posicionarte en tu vida. Y no desde lo que sientes en un momento determinado sino desde lo que decides sostener en el tiempo a lo largo de tu vida.

 

Y ahí, de alguna manera, todo cambia porque, por primera vez en tu vida, estás eligiendo desde un lugar que no depende del ahora y dejarte llevar por el momento, sino que depende de quién has decidido ser. Esa identidad que es capaz de darte la vida que quieres llevar y las experiencias que quieres atravesar de la manera que tu decides atravesarlas. 


Y esa misma identidad está al mando de todas las decisiones que tomas en tu vida, incluida la elección de tu pareja, que puede facilitarte o dificultarte vivir tu vida en coherencia con la vida que has decidido construir.


Así que sé quién decides ser y no lo dejes en las manos del destino. Porque tu vida no es algo que te pasa, es algo que decides con cada elección.


Con mucho amor,
Tu cita de los martes — Alexandra


¿Se puede tener todo en una sola persona?
ALEXANDRA BOBOC 24 de marzo de 2026
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